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"Mi hijo no es flojo": Qué dice la ciencia de la procrastinación en el TDAH

  • Foto del escritor: Malena Padres Positivos
    Malena Padres Positivos
  • 12 may
  • 3 Min. de lectura

Tu hijo sabe que tiene tarea. Sabe que tiene examen. Sabe que debe bañarse, ordenar, empezar, estudiar. Y a pesar de eso, lo posterga, se distrae, evita, da vueltas, se enoja o simplemente "no empieza". Es en este momento donde aparece un pensamiento en los padres:


"Si quisiera podría hacerlo"


Pero el problema no es la falta de ganas. Es procrastinación. Una investigación reciente encontró que la procrastinación no es solo un problema de tiempo, sino un problema de regulación emocional.


Procrastinación en el TDAH


Durante años se pensó que procrastinar era un problema de organización o disciplina. Pero esta investigación encontró algo mucho más profundo:


Las personas que tienen más dificultad para regular sus emociones, procrastinan más. Es decir, la procrastinación no ocurre solamente porque alguien “no quiere hacer algo”, ocurre porque el cerebro está intentando escapar de una emoción incómoda.


¿Qué emociones evita el cerebro?

Cuando una tarea genera frustración, aburrimiento, ansiedad, inseguridad, miedo a equivocarse, sensación de incapacidad, el cerebro busca alivio rápido.


¿Y cuál es la forma más rápida de aliviarse? Pues evitar la tarea. Por eso muchos niños con TDAH, postergan, discuten, se distraen, empieza otra cosa, piden ir al baño, buscan el celular o parecen desconectarse. Esto sucede porque la tarea activa un nivel de incomodidad que aún no saben manejar.


Lo que encontraron en el cerebro

La investigación estudió dos áreas importantes del cerebro.

1. La corteza prefrontal: el “director” del cerebro

Esta zona ayuda a planificar, organizar, controlar impulsos, sostener el esfuerzo y continuar con una tarea aunque sea incómoda. La investigación encontró que las personas con mejor regulación emocional tenían mayor desarrollo en esta área y procrastinaban menos.


2. La ínsula: el detector emocional

Otra zona importante fue la ínsula. Esta área participa en detectar la incomodidad, estrés, frustración y sensaciones internas desagradables. La investigación encontró que cuando la conexión entre la parte emocional y la parte de control del cerebro funcionaba mejor, la persona regulaba mejor sus emociones y procrastinaba menos.


¿Qué significa esto para las familias con TDAH?

Significa algo muy importante: La procrastinación en el TDAH no se resuelve solamente con presión, castigos o sermones.

El problema no siempre es motivación, muchas veces el problema es simplemente tolerar la incomodidad, manejar la frustración, iniciar aunque algo sea difícil, sostener el esfuerzo cuando el cerebro quiere escapar.


Esto es clave en el TDAH, porque los chicos suelen tener más dificultad para regular emociones, tolerar el aburrimiento, iniciar tareas, manejar la frustración y activar las funciones ejecutivas.


Entonces… ¿qué necesitan nuestros hijos?

Necesitan acompañamiento, andamiaje, regulación, estructura y entrenamiento gradual.

Necesitan aprender cómo empezar, cómo dividir tareas, cómo tolerar el “esto me cuesta”, cómo seguir aunque algo no sea agradable.

Presionar no funciona, cuando el cerebro está emocionalmente sobrecargado, más presión aumenta la evitación.


Un cambio de mirada que transforma la procrastinación en el TDAH

Cuando entendemos esto, dejamos de interpretar conductas como:

  • “es flojo”

  • “no le importa”

  • “solo quiere hacer lo que le gusta”

  • “me manipula”

Y empezamos a ver lo que realmente ocurre: un cerebro que está evitando malestar porque todavía no tiene suficientes herramientas para manejarlo.


Y ese cambio de mirada transforma la manera de enseñar. La pregunta ya no es ¿Por qué no quiere hacerlo? sino ¿qué emoción está tratando de evitar?.


Es donde los padres podemos dejar de pelear contra el síntoma y empezar realmente a enseñar habilidades.


La procrastinación no siempre es un problema de tiempo.

Muchas veces es un problema de emociones que el cerebro aún no sabe manejar.


Nuestros hijos necesitan adultos que entiendan qué está pasando en su cerebro, para poder enseñarles cómo atravesar la incomodidad sin escapar de ella.


Li, K., Zhang, R., & Feng, T. (2024). Functional connectivity in procrastination and emotion regulation. Brain and cognition, 182, 106240. https://doi.org/10.1016/j.bandc.2024.106240


 
 
 

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